Ir al contenido principal

La corrupción y la impunidad

Considerar a la impunidad, como el origen de la corrupción: “Es como pretender colocar la carreta delante de los bueyes”.

Y  nosotros ya no estamos para callar una realidad, en el sistema democrático y representativo; con libertad de ideas y de acción, que últimamente, está caracterizando a nuestro país y sus ciudadanos. Más deseosos de clarificar y entender cada expresión de la prensa; único capaz de enseñar en la República, como “cuarto poder”, informando las verdades.


Según la TGC, considerado principio de ciencia, la civilización del mundo está sostenida en la fórmula: corrupción es igual a poder sobre ignorancia. Sin distinción de raza, credo o dogma en el mundo entero.

Se pueden distinguir dos clases de corrupción: pequeña corrupción (contra ley) y gran corrupción (intra ley), lo cual se desarrolla en la TGC.

Esta gran corrupción, o intra ley, solo se desarrolla en los tres poderes del Estado, aplicándose la fórmula C=P/I.

Es decir, la estructura para que exista la corrupción sistémica, está en el Estado y sus poderes constituidos.

La “ignorancia”, como elemento del sistema de la corrupción, tiene sus grados, también establecidos por primera vez en la TGC. Del primero al tercer grado.

En el tercer grado de ignorancia, se encuentran los que administran los poderes, cuyas decisiones pueden afectar directamente a la población, que espera  el buen gobierno; utilizando la doble cara de toda ley, desde su posición de administrar justicia al aplicar las leyes. Se cae así en la injusticia, que no es otra cosa sino la ignorancia y la ocultación en el sistema, para perjudicar  al Estado. O sea, primero se forma la corrupción, y, como derivación, por medio de la ignorancia, resulta la impunidad.



Entradas más populares de este blog

La corrupción y los intereses del Paraguay

El país está dolido, al tener sus intereses hipotecados: al servicio de los vecinos. Sin posibilidad de obtener beneficios para nuestra economía. Por la corrupción sistémica vigente, en las hidroeléctricas. Según la TGC, si la ignorancia consume al gobierno, su poder recae en la injusticia. Necesariamente. Duele tal vez, conocer la responsabilidad que tiene cada ciudadano, al pedir claridad, libertad y virtud, en todos los emprendimientos, donde se comprometen los bienes públicos.  Con mayor razón, cuando se trata de acuerdos con los vecinos más poderosos del Mercosur.

La corrupción y la prescripción constitucional

A este flagelo solo podrá disminuirse y comprenderlo, respetando las prescripciones constitucionales, de un Estado de derecho, en democracia. Esto es así, según lo explica la TGC, porque todo poder nace de la corrupción y solo el derecho puede equivalerlo, para al menos dar posibilidad de defensa civil al pueblo. La costumbre de las democracias bananeras, ha hecho temblar a toda Latinoamérica, al decir una cosa y hacer totalmente otra. Resguardando intereses personales o comerciales, de los amigos, conocidos y correligionarios, en nombre de un sistema; total, la política, sin la exigencia de preceptos constitucionales vinculantes, es un simple festín, en manos de politiqueros: sin ética ni principios. Así es como se sigue confundiendo a la gente, sobre el bien común, con discursos y promesas vanas, que ocultan en la ignorancia, los intereses de unos cuantos. Algunas instituciones públicas necesitan ser saneadas y re-encausadas, para bajar el índice de hechos, actos y prác...

La corrupción y los contactos apropiados

La persecución de la corrupción “ contra ley ”, principalmente del contrabando ‘hormiga’, nos permite ver la gran corrupción florecer en la administración pública en todo el país. Según la TGC, al bajar la ignorancia en la ocultación del poder, sube la justicia y la seguridad social. Este juego en el procedimiento de la lucha, contra la corrupción, produce mucha confusión en cualquier gobierno; algunos de ellos, se centran solo a perseguir lo más visible y directamente sancionable, como lo es el contrabando minorista. Tan común desde la época colonial. Utilizando a los paseros como chivos expiatorios, de una corrupción sistémica a nivel aduanero.