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Los ministerios y la corrupción

Hasta hoy, cuesta a muchos comprender: Que las instituciones no tienen ninguna responsabilidad en la corrupción sistémica. La tienen sus funcionarios públicos, según su grado de participación en el sistema, dentro de una estructura de poder.

Según la TGC, la responsabilidad, debe ser investigada de arriba para abajo; no como actualmente se investiga, de abajo para arriba. Imputándose toda la culpa y responsabilidad, a los ejecutores, sin ser molestados los verdaderos autores.


Siguiendo esta realidad, de los hechos, actos y prácticas en las municipalidades: sus funcionarios saben, perfectamente, que llegado a una edad, no se puede alegar ignorancia de la ley.

No se dimensiona la gran responsabilidad que tienen, esos servidores públicos, de asistir a las personas carenciadas. Darles auxilio. Más aún, si se trata de una institución encargada para el efecto.

En un caso específico, recientemente una anciana fue apercibida por el Ministerio de Hacienda, a que devuelva lo que cobró, indebidamente, en concepto de pensión. Esto, en razón de que es de nacionalidad argentina, y la ley exige que sea paraguaya natural.

¿Y los directores y otros funcionarios públicos, qué estaban encargados de supervisar la cédula de identidad de la beneficiaria?

Ellos son los primeros que deberían ser penalizados, según el artículo 106 de la Constitución Nacional; incluso, en caso de probarse una irregularidad más grave, deberán devolver el pago indebido.

No puede cargarse sobre una insolvente anciana, octogenaria, toda la responsabilidad, por la falta de control, comunicación efectiva y oportuna de las leyes vigentes de la República.

La corrupción sistémica, siempre se presenta en la oscuridad de la estructura del poder. Simulando un acto, hecho o práctica legal.

Pese a todo, algunos funcionarios, siguen alegando el principio de “buena fe”, en su defensa; a la hora de justificar su manejo displicente, en las instituciones públicas.

Éstas han decaído mucho, en su servicio a la ciudadanía, por la falta de civismo de los responsables y la fragilidad, en las soluciones dadas por los encargados de administrarlas.


Si los Ministerios y otras instituciones, con sus funcionarios y directores, no se molestan en aplicar correctamente el Estado de derecho, en esta democracia con libertad de acción y pensamiento, todos serán responsables de permitir el aumento de la corrupción en el país.

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