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LA DEFORESTACIÓN Y LA CORRUPCIÓN

Es de conocimiento público, la vigencia de una ley que prohíbe la deforestación, en la Región Oriental. Que castiga  con pena carcelaria, a los ejecutores, cómplices y encubridores.

Se encuentra a cargo de una fiscalía especializada; de la policía ambiental y hasta de un Ministerio del ramo. Es decir, existen las instituciones, además de personal, encargados de hacer cumplir la ley.


Pero, la gran corrupción, sistémica, maneja la cuestión y se burla de los mismos. Algunos procesados, pagan una multa, y han llegado al colmo de decir: “Dos veces no me pueden juzgar por el mismo hecho”.

Así se siguen echando más hectáreas de bosque, amparándose en este principio, al servicio de la ignorancia interpretativa; tan usada en nuestro país para mantener la corrupción como negocio estatal.

La ciudadanía entera y, en especial, los aborígenes, que habitan los lugares afectados, pagan y condenan estas injusticias, cometidos contra su ecosistema. Piden a gritos justicia y equidad.

Según la TGC, la democracia, con libertad de acción y pensamiento, posibilita el saber y conocer los hechos, a través del cuarto poder. Ahora, lo único que esperamos es que se cumpla el Estado de Derecho, para proteger los pocos bosques, que aún existen en la Región Oriental.

Diseñamos grandes instituciones y nombramos ministros; designamos a personal judicial y del poder ejecutivo, para marcar entrada y salida, diariamente, en las distintas instituciones públicas; pero, en su accionar, en manos de algunos directores, parecería que están solo para recaudar, mediante aparatosas y promocionadas intervenciones, que, usualmente, alzan el rating  de los noticiarios. Quedando a la vista, tan solo los resultados negativos y el perjuicio para todos, produciendo la pérdida total de fe en el orden público del país.

Si los encargados siguen aplicando la “cara corrupta” de la ley 2524, dentro de poco, el país tendrá grandes contratiempos ambientales; sobrepasando con creces, a los que actualmente atravesamos, como ser la contaminación del lago Ypacarai y, dentro de poco, del Ypoá.

Pero siempre hay viático, para la “inspección” y supervisión, sin resultados, salvo para el pueblo que debe seguir pagando a funcionarios acomodados al mejor estilo de la corrupción sistémica nacional.

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