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Las concesiones y "La corrupción"(APP)

Aquí en Paraguay, como dice el tango, rige la “Regla del Cambalache”. Tal vez Discépolo, como respetable compositor, conocía tanto a Latino América que la inmortalizó poniendo música a la “gran corrupción”.

El “tango” en el país se ve, especialmente, en las concesiones del Estado a favor de grupos empresariales, particulares y afines.

Ni una sola concesión fue hecha a favor del pueblo. Los ciudadanos no cuentan como beneficiarios. El objetivo lato y neto siempre es y fue el lucro a costa de la inversión y el capital del Estado. Así se han forjado, ya a partir del Régimen anterior, los “grandes” empresarios subvencionados hasta hoy por el “papá” Estado.

Se concesionan desde el espacio radioeléctrico hasta los minerales del subsuelo; pasando por rutas y puertos, cuya vida útil coincide con el período de concesión, que suele superar los 20 años y llega incluso a los 40. Las aguas de los ríos navegables, nuestra mayor riqueza, están empeñadas en puertos o hidroeléctricas. En muchos casos, la instalación de puertos pone en peligro la misma provisión del vital líquido, por el alto nivel contaminante de las instalaciones.

La alianza “público-privada”

Lo que se ha presentado siempre es el sobre costo y el exceso en años de usufructo por parte de los concesionarios; en fin, ningún negocio jurídico conocido, bajo la figura de la concesión se ha salvado de la corrupción.

Tenemos una Constitución Social, un Estado de Derecho en democracia, que los encargados del poder, muchas veces se “olvidan” de hacer cumplir, deshonrando la confianza depositada por sus votantes.

Debemos empezar a tener en cuenta un principio básico: Ningún miembro o  ex integrante de algún poder del Estado puede ser accionista, beneficiario o parte de alguna concesión estatal; se trata de un conflicto de intereses que deriva inexorablemente en corrupción sistémica o intralegal.

Es penoso ver como las concesiones tan sensibles para la población como son el transporte público, las telecomunicaciones o los juegos de azar se reparten y comparten entre asesores-legisladores-administradores o dueños directos, que encima, quieren venir a dar “recomendaciones y consejos políticos”.

El deseo de los nuevos gobernantes nos obliga a recordarles que la TGC, nos clarifica meridianamente de que la corrupción solo se puede disminuir enseñando a la gente y haciéndole comprender que el poder debe mejorar a favor de todos, buscando en primer lugar el “bien común”. Vivir en democracia, dentro de un Estado de Derecho, respetando la ecología, en armonía con los derechos humanos fundamentales de tercera generación.

Dejemos de “concesionar” todo cuanto hay para el usufructo indefinido y el subdesarrollo eterno; empecemos a cuidar de nuestra mayor riqueza.

El árbol de una plaza vale más que cien estacionamientos; una gota de agua dulce puede salvar vidas, una concesión mal hecha, las arruina.

Comencemos el Paraguay de la curación social.


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