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La Conquista y "La corrupción"

América. Todos sabemos lo que fue su conquista y la importancia que representó para Europa tanto en lo económico como en lo social; principalmente para las potencias de aquella época.

La situación se planteaba como la llegada a un “Nuevo Mundo”; sin contaminación: virgen frente a todo atisbo de corrupción.

Desprovistos de todo humanismo, el mundo occidental, llegó ahogó en su dignidad a miles de personas, nativos; supuestamente para el desarrollo; ellos venían a “civilizar” a los “incultos”.

Si la “gran corrupción” (sistémica), era ya en esa época el pan diario, no sería raro que los conquistados comenzaran a beber de la nueva “cultura”.

No se encontraría en otra época ser invasor semejante; tan destructivo y que odiase tanto a la naturaleza y a  sus prójimos.

Los indígenas, que sí trataban de vivir armonizando la convivencia con la ecología, fueron desplazados y forzados a aceptar esa falsa y mentirosa moral.

La indemnización justa
Hoy a cientos de años de la Conquista, lo único que hasta nuestros días se mantiene es la corrupción; pero sí han disminuido la riqueza y los valores.

Se ha perfeccionado un sistema corrupto, que perjudica directamente a nuestros ecosistemas, a favor de grupos inescrupulosos y dañando el hábitat natural de miles de familias y comunidades.
Eso nos obliga como paraguayos a apoyar, primero, a nuestros hermanos aborígenes.

Un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos exige la devolución de las tierras ancestrales a la parcialidad Sawhoyamaxa; será un gran paso de nuestro gobierno que agilice la restitución a fin de que el país de señales claras de pretender vivir en un verdadero Estado de Derecho Constitucional.

No se puede seguir permitiendo que los únicos dueños verdaderos de esas tierras sigan mendigando “a la de “Dios” es grande”, incumpliendo los mandatos de nuestra propia Carta Magna; una Constitución de carácter marcadamente social e inclusivo, que no admite injusticias o alteraciones en su interpretación. O si no, alteraríamos su espíritu y caeríamos en las garras de la corrupción sistémica.

La curación social en democracia, en este caso en particular, exige pronta ejecutividad de la sentencia de la máxima Corte Interamericana. Es lo justo.

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