Parecerían dos palabras que no
guardan relación alguna. Al mencionar “calidad” estoy pidiendo todo sin
importar absolutamente cuanto cuesta; solo lo mejor para satisfacer mi
predilección.
Pero cuando pasamos al campo de las
obras públicas, donde frecuentemente escuchamos decir que las terminaciones
serán de lo mejor que se ha hecho. Ojo, que, por sistema, la corrupción es su
amiga inseparable, al momento de la ejecución y, principalmente, en el pago.
Aquí todavía se cree que con la
“transparencia” ya se está supervisando todos los contratos, las licitaciones,
aceptando bajo tal figura el valor que se presupuesta al proyecto, sin más
discusión.
Esos son los términos más saludables
para la “gran corrupción”: Muchas personas intervienen en un negocio del Estado
y ninguno aparentemente es responsable directo del mismo; conclusión, la
invisibilidad, como lo viene estableciendo la TGC , domina en el acto, es corrupción perfecta.
Es el Estado el que termina pagando mal, nuevamente, con los impuestos de los
sufridos habitantes, la equivocación, negligencia o la falsa moral que domina
en los negocios con propaganda de “calidad”, que sirven para acallar al público
queriendo mostrar la “bondad” de quienes se comprometieron a realizar la obra.
En democracia y en un Estado de
Derecho los responsables pueden ser identificados; pero, en un gobierno
autoritario, el perjuicio ocasionado al público en los sobre costos y la
inutilidad de la obra ofrecida y ejecutada, termina en la obscuridad. Principalmente
cuando la obra es de grandes dimensiones. El sistema solo permite que salgan
lastimados algunos de los integrantes de la “pandilla”, ya que la cantidad de
burócratas y serviles politiqueros involucrados hacen la polvareda de “trabajo”
suficiente para no ver absolutamente nada, y si se sigue mirando, probablemente
se llenan los ojos de tierra. Buena, pero arcaica manera de operativizar las
instituciones al servicio de intereses privados.
La clave está en los que deberán
interpretar la norma e impartir justicia en estos casos; ya que aquí nadie
sabe, nadie ve, y difícilmente se consiguen números para juicios políticos;
cuando la cantidad de beneficiarios del sistema superó a la calidad de las
obras.