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El trabajador y la corrupción

En nuestro país el trabajador está totalmente desprotegido por la incapacidad de los sindicatos estatales: Ya que solo sirven para aceptar propuestas patronales en perjuicio de los trabajadores, quienes tampoco se animan a reclamar por miedo a perder su lugar de trabajo. La necesidad de  volver a conseguir un empleo estable y si es posible en el Estado disfrazado paraliza. Es mejor callar y vivir aceptando la injusticia impartida por los dirigentes de los grandes sindicatos, nidos de verdaderos oportunistas que utilizan un sindicato para solucionar sus problemas personales (principalmente los económicos) en perjuicio de sus propios compañeros de trabajo.

La corrupción sistémica en el campo de las empresas públicas hace imposible que se haga cumplir el respeto a los trabajadores en sus derechos; los empleados viven peor que en épocas pasadas, el miedo los envuelve y los vuelve imbéciles sin capacidad de entender y defender su propio derecho.

El manejo discrecional de estas empresas a favor de la élite mandante con apoyo de los “sindicatos” es la peor plaga en perjuicio de los propios trabajadores.

La relación entre seudo dirigentes sindicales y politiqueros es antiquísima, éstos brindan el amparo para que se relativice todo el derecho laboral a fin de seguir expoliando al trabajador.

Al tener esta realidad y conociendo las secuelas de la corrupción lo único que resta es que todos los trabajadores, juntos y cada uno, se esfuercen más en leer y defender sus derechos para volver a levantar el valor del trabajo y el respeto con justicia.

No más ciudadanos de primera y de segunda a causa de la corrupción reinante, principalmente entre trabajadores normales y dirigentes de grandes centrales, quienes lucran sin piedad (éstos) y aquellos que viven sin defensa.

Voluntad para llevar adelante un proceso de justicia social objetiva y no solo para hacer sonar los oídos, eso constituye curación social.

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