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La responsabilidad social y la corrupción


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Al ser parte de un país, estamos aceptando tácitamente mantener, colaborar y hermosearlo. Esta responsabilidad social, nos obliga a reconocer que la corrupción: Es el flagelo nuestro de cada día y que está destruyendo nuestro ecosistema, al permitirse el abuso de parte de gente sin escrúpulos, contra la naturaleza.

La corrupción sistémica (TGC), ha permitido ver, a través de la prensa, que nuestras autoridades, en vez de estar en sus oficinas corrigiendo expedientes, suelen estar supervisando personalmente los hechos. Sin necesidad, ya que para eso están los nombrados funcionarios a su cargo, que deben cumplir con su trabajo. Lo único que compete a las cabezas de poderes es el seguimiento.

Pero esa demagogia de salir a vagar, tratando de demostrar mejor cumplimiento; es típico de países totalitarios, simulando la corruptela, en sus entornos; para exigir a sus opositores políticos, que respeten y obedezcan de acuerdo al sistema corrupto.

La democracia y el Estado de Derecho en libertad de nuestros país, nos ha dado la posibilidad de crecer, a lo largo y ancho del mundo, esperando: La mínima comprensión de nuestros conciudadanos hacia el medio ambiente ya que si no buscamos mejorar, utilizándolo de manera racional, lamentaremos en un futuro los nefastos resultados de la inconsciencia presente.

Ya no sirve la retórica del “medio ambiente”, pero que en los hechos permiten que se deforesten los bosques; para convertirlos en pastoreo o sembradío intensivo.

Lastimosamente nunca hay culpables; siempre termina perjudicado el patrimonio natural de nuestro país, y con ello el efecto negativo para todos.

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