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La corrupción y los 'desamparos'

Me decía un parroquiano del Alto Paraná, “aquí sabemos nuestro mal, con nombre y apellido; pero la corrupción sistémica nos ganó”.

Para resaltar, según la TGC, si el poder no trata de enseñar a la población, una política clara, jamás baja la injusticia. Sea cual sea el sistema de gobierno vigente: Si los encargados de administrar la estructura gobernante, abandonan a la población, el desarrollo social queda en el olvido.


A esto bien podemos llamarlo ‘desamparo’, cuya consecuencia estamos viviendo, actualmente, con las inundaciones de compañías enteras y ciudades. Demostrándose la falta total de previsión, para con las poblaciones campesinas e indígenas; pero aún, incluso en las urbanizaciones ribereñas, ubicadas en la misma capital de la República.

La democracia es un sistema efectivo, contra la corrupción sistémica: Si es verdadera, y no tiene otro objetivo, más que la libertad y la virtud en aras del bien común; respetando al Estado de derecho. La ley puede ser cumplida, integralmente, como doctrina del derecho, cuando los administradores del Estado, también la cumplen a cabalidad, en sus funciones. Allí recién se cierra el círculo, de previsibilidad y seguridad jurídica, a nivel nacional. Hacia ello apunta la curación social.

La labor del cuarto poder, a favor de la ciudadanía, es invaluable; al informar de manera ecuánime, sobre los hechos, actos o práctica de corrupción, dentro de cada uno de los organismos del Estado.

Entre ellos, un punto sensible, resulta el IPS (Seguro social), el cual está en decadencia desenfrenada; con el contubernio, entre politiqueros y sindicalistas. Llevando el mismo proceso del otrora “Banco de los Trabajadores”: desaparecido, en las garras de la corrupción sistémica. Testigo de la realidad en contra de todos los obreros y empleados del país, quienes siguen sin ser capaces de implementar una política verdadera, para sanear una institución, necesaria y fundamental, para los países subdesarrollados.

Esa función a escala social, es  indelegable para el Estado; aun conociendo, la falta total de una restructuración en sus servicios, así como el modo de apuntar las responsabilidades, en un seguro social auténtico, respetando los legítimos derechos, humanos y laborales vigentes para los trabajadores, que se constituyen, por el transcurso del tiempo en derechos adquiridos inalterables.

Los trabajadores, son los únicos y legítimos dueños de la institución y deben ser respetados; por ende, tienen acción contra cualquiera, sea político o administrativo, que efectúe o planeara realizar, acciones que vayan en detrimento del cumplimiento de las obligaciones, del ente administrador, para con todos los aportantes, trabajadores, obreros y patronal.

Esta forma de manejar las instituciones, como caja chica de los politiqueros de turno, lleva a los asegurados a tener que mendigar por atención, medicamentos y tratamiento. Es la situación denominada ‘abandono o desamparo’. Tanto en lo económico como en lo social, con el agravante de constituirse en corrupción sistémica galopante, al haberse desviado, malversado y mal administrado bienes, patrimonio y flujo de efectivo, descontados mes a mes, a miles  de trabajadores del Paraguay.




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