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La corrupción: "Acto jurídico"

“Siempre suelo decir—me decía un parroquiano en el Bañado Sur—que la corrupción es la sombra de la sociedad, en todo momento”.

Meditando esta realidad, tal vez tenga razón: Ya que los actos jurídicos, nulos de nulidad absoluta, se presentan como ciertos; aceptados voluntariamente, para ser impuestos a todo un pueblo.

Según la TGC, los actos, hechos y prácticas forman parte de la gran corrupción, intra ley.
Al saber que la corrupción es un “hecho consumado”, nos damos cuenta de la importancia, de entender, en una democracia participativa; dentro de un Estado de derecho, en libertad de acción y pensamiento, para ser capaces de manifestarnos y pedir claridad, libertad y virtud. En todo acto jurídico, firmado por nuestros representantes, voluntariamente.

Aunque muchos de estos acuerdos firmados, sean nulos de nulidad insanable, según el artículo 143 y concordantes; ya que la carga de todo lo hecho sin participación popular, caerá finalmente sobre todo el pueblo: Ya que la revisión, no está establecida, para nada, en el derecho internacional. Sería otra mentira más, ante la opinión pública.

Si callamos, seguiremos avalando una mentira, a favor de la corrupción sistémica. Por eso, también es bueno aclarar, que un funcionario público, ya sea electo o nombrado, debe saber muy bien la diferencia entre derecho privado y derecho público. En éste último, rige el principio de legitimidad de los actos: “lo que no está expresamente permitido, por la ley, está prohibido”.

Al contrario de lo que ocurre en el derecho privado, donde el único límite es la prohibición expresa y  el daño a terceros.

Si un funcionario firma un documento de aceptación, recomendación o cumplimiento; aún, siendo un simple encargado, en cualquier repartición del Estado, debe entender y conocer sus responsabilidades directas y emergentes, sobre los actos jurídicos en los cuales interviene. De eso se trata la función pública.

La alegación de “error administrativo”, ante la opinión pública, es inadmisible;  por el respeto que merece el cargo y la fe del pueblo, que le ha encomendado, con su voto o designación, administrar sus recursos. El mismo pueblo que hoy, empieza a exigir una democracia participativa: ola que va creciendo, ante la incidencia de cualquier acto jurídico corrupto.

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