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La corrupción y el delito ecológico

Me decía un parroquiano del Alto Paraná, “la suma de la deforestación, da calambre, y la falta de cumplimiento de la Ley, en cuanto al daño ambiental en el país…”

Según la TGC, si el poder no cuida el cumplimiento de las normas constitucionales, hay injusticia.

Cada día la gente se identifica más, con la democracia y el pedido como ciudadanos, es el respeto de la ecología, para tratar de cooperar en algo con la convivencia universal, comprendiendo una obligación de todos los que habitamos el país: tratar de bajar los niveles de daño a nuestro ecosistema natural. Los delitos ecológicos, tienen un perjuicio irreparable, económico y social, para toda la República.


Es un costo subsidiado por el Estado, al decrecer la calidad de vida y salubridad, de las comunidades. Bajo el supuesto, facilista, de generar mayores ingresos para una casta o segmento poblacional privilegiado.

A la vera de todos los caminos vecinales de la capital, o de los valles, pueden verse uno tras otro, crímenes insanables contra el medio ambiente y la biodiversidad.

Los propios “encargados de la vigilancia o policía ambiental”, al parecer, ni siquiera se inmutan. Conviven con ello, esperando la denuncia solitaria de algún ciudadano, que pueda dar pie a los periodistas, a que difundan el “grave hecho”; para así publicitarse un poco, aprovechando la ‘nota’.

Pero en las sanciones efectivas, que no pasan más de lo simplemente pecuniario para los infractores; solo se llega a la reparación mínima, pero que ni siquiera tienen mecanismos resarcitorios, para la comunidad afectada, en específico, o de cargas impositivas mayores para los que dicen “producir para el país”, pero destruyendo hábitats nativos y ambientes naturales.

Hay locales autorizados por las autoridades competentes, que hoy están produciendo pestilencia, contaminación de aguas y polución.

Gallinerías, curtiembres y mataderos, ubicados en cercanías de arroyos, que no tienen ningún tipo de tratamiento. Pero como “consiguieron” su “licencia ambiental”; aprobados sus “estudios de impacto ambiental”, al parecer, a nadie ya le importa, a nivel gubernamental.


Hoy los vecinos, de esas zonas rurales, reclaman a gritos, que se revisen y corrijan estos abusos, de parte de los dueños y las autoridades reglamentarias; para no terminar perdiendo en su totalidad, los cursos hídricos del país.

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