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"La corrupción con viso de legalidad"

Una de las características de la corrupción sistémica, es el viso de legalidad que tienen sus hechos, actos, e incluso, prácticas corruptas en el Estado.

Según la TGC, la estructura del poder en toda la función pública, es responsable a través de sus funcionarios, sea cual sea su rango, categoría o forma de elección.

Esta realidad, de que los jefes o altos funcionarios, sean responsables directos de la corrupción sistémica, nos les gusta mucho a politiqueros encargados de algunas instituciones públicas.


Lo inaudito es que algunos, electos por el voto popular, aleguen “cumplimiento de la ley” en la aprobación hecha a ciertas licitaciones y otros negocios del Estado; pretendiendo así, liberarse y aislarse del propio imperio e investidura, de las cuales gozaban en sus cargos ejecutivos. Entonces, si cumpliendo la Ley ocurre un perjuicio patrimonial para el Estado, estamos ante la figura de la corrupción intraley. Porque se cumplen, aparentemente, con todos los procedimientos y formalidades requeridas para la validez del acto público, pero sin embargo, encierran un acto de corrupción en la interpretación de la norma, al favorecer a otros, en perjuicio del erario público. A eso puede llamarse viso de legalidad, pero no de legitimidad.

Al interpretar literalmente la Ley penal o administrativa, puede que incluso, jamás pueda ser imputado ni mucho menos penalizado ningún funcionario de peso político; pero la verdadera interpretación, a la luz de los tratados internacionales sobre la materia de la lucha anticorrupción, vigentes en nuestro país, no dan lugar a tales confusiones.

Si ese “viso de legalidad” permite la impunidad, se convierte en un nuevo sistema de corrupción, pero esta vez, involucrando también al Poder Judicial, por medio del elemento ignorancia, en la ocultación del poder.

Lo mínimo que debe hacer un Ministro en el poder, es renunciar si tiene nociones de ética como hombre público de la sociedad. También el pueblo les debe exigir reponer lo defraudado.


La élite de los parlamentarios, está muy molesta por el cuarto poder en esta democracia representativa, al conocerse el grave historial de los miembros del cuerpo colegiado. Pero allí, de nada sirven los “códigos de ética”, aprobados por ellos mismos, entre vítores y aplausos al estilo Paraguay de la época bananera: A la orden y al mejor postor, sin importar la justicia ni respetar el Estado de derecho, hasta hoy manoseado por la ignorancia y la corrupción.

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