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Poblar las campiñas y la corrupción

Aquí en el país, hay juegos de dos caras: la falta de trabajo y el trabajo para lograr, realmente, salir adelante, en cada espacio de la geografía nacional. Para volver a poblar las campiñas y así, disminuir paulatinamente la corrupción sistémica, que se ha adueñado de este Estado democrático, en el que estamos viviendo.

Nada se consigue sin luchar y defender, más aún, en el sistema democrático, en un Estado constitucional de derecho; con libertad de acción y pensamiento, que es lo que a los autoritarios y totalitarios no les gusta en absoluto.

Es hora de canalizar con credibilidad, el hecho de tener espacio y posibilidades suficientes en el país, para seguir repoblando; con los que han salido, justamente buscando mejor nivel de vida, o el simple respeto de su persona, de sus ideas y sentimientos; aquello que los impulsó a salir del país, debe ser atendido por el gobierno, haciendo lo posible para ayudarlo, a él y sus descendientes, para romper el tabú de que “aquí no podemos progresar y somos los más corruptos de Latinoamérica”.

La TGC nos ha demostrado, con descripción orgánica y sistemática, que la corrupción es mundial, y que la única forma de disminuir el flagelo es reconociendo que la pequeña corrupción es sostenida por la gran corrupción, por lo tanto, el Paraguay, tiene el antídoto para aplicar sin distinción, a favor de nadie, solo con el Estado de Derecho, como lo escuchamos afirmar recientemente al presidente.

No perdamos esta posibilidad de ser un país serio y respetable; con una Constitución acorde con el respeto pleno de los derechos humanos, para ser capaces de ser reconocidos por nuestros vecinos, para así reparar los múltiples perjuicios causados por un Estado ignorante al servicio de la corrupción sistémica, durante tanto tiempo.

Si llegamos a poblar las campiñas, sin mentiras ni politiquería, respetando las instituciones y sancionando a los funcionarios que están al servicio de la corrupción. Enseñando al pueblo a conocer su identidad.

Son los caminos democráticos, para superar cualquier autoritarismo o mafia organizada.


Pero si esta realidad no se concreta, con virtud para buscar el bien común, de nada valdría la libertad, sin dirección, ni la democracia sin enseñanza para superar la ignorancia.

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