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La corrupción: una lucha por los recursos

En nuestro país existe una fuerte corriente, que considera a la política, como separada de toda cuestión de poder.

Esa tendencia, lo único que busca, es excluir a los políticos, devenidos en administradores públicos, de su responsabilidad en la corrupción sistémica. Convirtiendo al puesto público, como un “trabajo profesional”, donde el objetivo es conseguir recursos para la subsistencia y buen pasar del político; no para el bien común, ni para el mejor sostenimiento financiero de la entidad administrada.

Según la TGC, si corrupción es igual a poder sobre ignorancia, fórmula aplicable a cualquier civilización; entonces, toda actividad pública, donde se tomen decisiones coercitivas de poder, está sujeta a este principio. Esta confusión, se sigue dando en la gente, sin embargo, por la escasa difusión que se le presta, al elemento ignorancia.

Este factor, aplicado a una fórmula matemática, que explica el funcionamiento normal del poder, es el que se encuentra en permanente eclosión; es variable, dinámico y adaptable. Por eso se acomoda, tanto al sistema legal como al esquema jerárquico; a favor de la obtención de recursos, ilegítimos, de los que se creen dueños del poder público.

La democracia, al ser atrapada, con un sistema representativo y social, por nuestra Constitución, busca siempre encontrar la verdad sobre los hechos. Porque existe, libertad de acción y pensamiento, es que resulta tan difícil entender la búsqueda de la justicia y la claridad en la política.

Los partidos tradicionales están sin doctrina; sus dirigentes, manchados por la corrupción sistémica. De a poco, sus afiliados, van comprendiendo y exigiendo más claridad, libertad y virtud, a sus mandatarios. Disminuyendo así, paulatinamente, la ignorancia y la obscuridad del poder. Porque ese es el espíritu de nuestra Carta Magna, que establece el Estado social de derecho en la República.
Este atropello desesperado, de expandir hasta lo que no s tiene para demostrar progreso, y así, ficticiamente, disminuir la falencia de medios, nos lleva a todos a un atolladero, en manos de la más grave corrupción estatal. En busca de los medios económicos, sin ser capaces de hacer valer la buena política, empezando por la compensación debida en los entes binacionales.

Si no logramos exigir y hacer cumplir, la obtención de los recursos que legalmente nos corresponden; a favor del pueblo, indemnizando de manera justa a los indígenas de todas las etnias. Es hora de hacer comprender que una política justa es posible.

Comenzando a cuidar la ecología, preservando la buena administración de justicia en el campo.


Debemos comenzar a entender que la política es la única ciencia capaz, en la práctica, de disminuir la corrupción sistémica, si los dueños del poder de turno, realizan una buena interpretación, a favor de los recursos de todos los paraguayos; no solamente de los propios.

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