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LA CORRUPCIÓN Y SUS RECAUDADORES

Duele tal vez: pensar y decir la verdad. Pero en la democracia, esto abre el camino para conocer los hechos, los actos y las prácticas de la corrupción sistémica; cometidos por los recaudadores. Obligando a todos los ciudadanos, a cumplir fielmente a su sostenimiento social.

Según la TGC, toda ley tiene dos caras, que deben ser muy tenidas en cuentas para su aplicación, al servicio del bien; una de verdad y justicia, y, la otra, que denominamos “de corruptis”: en razón de que su interpretación, se utiliza para favorecer a la corrupción sistémica.


Algunos apresurados, por el solo hecho de ganar noticia y popularidad, presentan innovaciones; que no son otra cosa más que copias deformes, de leyes aplicadas en otras naciones. Su aplicación, de llegar a ser aprobadas, resultan un grave perjuicio para el buen ejercicio del derecho; y peor, para la justicia social.

Entre los recaudadores, podríamos encontrar el seguro obligatorio del IPS; tan manoseado, que supuestamente debería beneficiar a los aportantes; trabajadores, que al final debe terminar mendigando atenciones mínimas.

Algunos solamente asisten para recibir la “extrema unción”, de funcionarios pagados mensualmente con el dinero de  millares de trabajadores del país.

A diario, los asegurados son burlados y maltratados, inmerecidamente, por los funcionarios y por las propias autoridades, que hasta hoy no solucionan esta deplorable situación.

Siguen los inventarios y sumarios, en todas las reparticiones públicas; conociendo cada día nuevos fraudes al Estado. Sin embargo, el silencio cómplice de la corrupción sistémica, va ganando terreno, a través del tiempo, aprovechando la democracia malentendida, en que se vive la política.

Los recaudadores siguen con mucho trabajo; sin molestias, tan igual como antes, o tal vez, mejor que hace unos meses. Ya que hoy día, son muy duras las escaramuzas y protestas callejeras, contra la corrupción, lo cual genera la cortina de humo, necesaria para seguir con el sistema.


Van pasando los días, el viento nos lleva de nuevo a las mismas penas; en las hidroeléctricas no existe la más mínima voluntad política, de conseguir lo justo según lo pactado: salvo la renegociación para seguir recaudando de la corrupción.

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