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"Bienestar ciudadano en Paraguay"

El buen uso de los bienes públicos, permite el bienestar ciudadano. Y la corrupción sistémica nubla esta posibilidad, principalmente, con mayor insistencia, en el tercer mundo; así es como se impide el paso hacia el desarrollo.

Según la TGC, si el poder, cuya estructura es democrática en libertad, respetando el Estado de derecho, permite la participación de la gente, en la comprensión de este flagelo: la ignorancia podrá ir disminuyendo, para mejorar la convivencia.


La influencia que resulta, del abuso de poder, no se controla ni sanciona. Ni a los ejecutores directos, ni a los que omiten ver; mucho menos a los planificadores. Así es como los actos, hechos y prácticas se sistematizan en las instituciones, sin que ninguna alma buena, que esté dentro de ellas, pueda evitarlo.

La corrupción sistémica, por lo tanto, acogota a los ciudadanos y los vuelve incrédulos, para buscar cualquier bienestar, ya sea éste público o privado.

Lo contrario ocurre para los “aliancistas”, que buscan unir el patrimonio público con el privado. El público, para cubrir los gasto, el privado, para acumular las ganancias. De esto puede hablarse, largo y tendido, por hechos recientes, que han causado ingentes perjuicios.

Uno de los mejores reflejos de la corrupción sistémica, está en el campo; donde los campesinos, lejos de tener algún viso de solución al problema de tierras, siguen siendo abandonados, forzándolos al exilio o la migración desordenada.

Los implicados en hechos de corrupción, que han roto la sensibilidad nacional, siguen teniendo para fianzas y garantías reales; a la vista de la ciudadanía desprotegida.

Ignorancia y ocultación, a nombre de la corrupción sistémica, amparada por el poder público. Aunque parezca una verdad irrefutable, el pueblo debe ir manejando estos conceptos a la perfección, si es que, alguna vez, queremos ser civilizados como sociedad.

La responsabilidad de toda buena administración, estatal, se nota cuando los ciudadanos pueden obtener su bienestar lícitamente. Por eso el pueblo, debe estar atento, en la democracia, a fin de ir disminuyendo paulatinamente el flagelo de la corrupción sistémica, que obstaculiza todo adelanto para el país.

Es hora de atender y cuidar de lo nuestro; tanto de lo construido, como de la naturaleza: los bosques y cursos hídricos.

No se puede seguir teniendo, poblaciones sin agua e indígenas abandonados a su suerte, sin posibilidad de salir adelante en sus propias comunidades. Al ser controlados sus territorios, por agro tóxicos y agro negocios. Por las infinitas plantaciones de soja, fumigadas sin cumplir ninguna norma de salubridad ni cuidado. El interés es la medida de toda acción, por lo tanto, con corrupción sistémica, no puede existir bienestar ciudadano.

Es incongruente, pese a la fumigación que se siga haciendo a las plagas, y, últimamente, también a la pobreza extrema.


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