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La corrupción y la tierra

Agua dulce e ignorancia política
Un parroquiano del Bañado Sur, cerca de Cateura  —el otrora gran banco de peces y aves silvestres, pero hoy nauseabundo y pestilente paraje; a causa de la “inteligencia” política de colocar un vertedero ¡sobre el principal río de la República!, fuente primera de agua potable en la región—, hoy me decía: “Se vuelve a repetir, la autorización de construir una “Villa” habitacional-comercial, sobre el mismo río, cercano a la planta de tratamiento de la ESSAP. La corrupción sistémica ha ganado una vez más con el atropello”.
Según la TGC, el poder naturalmente corrupto, está obligado a bajar la ignorancia en el manejo público, salvo que tenga un interés inconfesable oculto, participación directa o ignorancia deliberada sobre el perjuicio ocasionado o por producirse, relacionado con las con sus decisiones gubernamentales directas u omisivas.
Nuestro país, ha sufrido a lo largo de su historia graves daños, irreparables en muchos casos, en su ecosistema natural y cultural, al poner en práctica la ideología parcial, de personajes obscuros, que se expresaron por medio de seudo ideas desarrollistas, pero siempre, usando los bienes del Estado, para acrecentar el capital privado, que termina creando banqueros, asesores y nuevos políticos de la misma ralea.
Para superar la ignorancia, en la interpretación, debemos partir de la Constitución, que confiere a los convenios internacionales firmados y ratificados por el país, el carácter de leyes superiores, contra las cuales no pueden ir reglamentos, decretos o resoluciones de ninguna índole, amparados en la supuesta necesidad interna; bajo pena de nulidad e inconstitucionalidad.

Economía del parche
Según tales convenios, la protección de las fuentes de agua dulce, que sirven para el consumo humano, deben ser tratadas y salvaguardadas con extrema prioridad; su incumplimiento, atenta contra la vida, la salud y la propia dignidad de las personas. Constituyen asimismo, patrimonio común de la humanidad, motivo por el cual deben ser respetadas, aún a costa de proyectos de ampliación urbana apresurados y de orden meramente economicista.
— ¿Ahora dónde se desaguarán las cloacas del “complejo” y a qué precio, para el resto de la población? Ya están instalados un megapuerto granelero, depósitos de combustible, industrias, mataderos y una cadena de poblaciones instaladas en las adyacencias —insistía el preocupado ciudadano.
Temo mucho que el perjuicio es para nuestros descendientes, en nombre de una democracia social de burla.
La tierra es de todos y necesita de nosotros, los llamados inteligentes; para tratar de mejorar la propia existencia, respetando los convenios internacionales sobre el tema, puntuales en la materia, que tienen pleno vigor legal en nuestro derecho interno. Ese es el punto de partida, para hablar de convivencia en un Estado de derecho.
Aquí tenemos perjuicios ambientales, mientras que en el campo la reventa de las tierras destinadas a la “Reforma Agraria”, sigue siendo el negocio y la propaganda proselitista de los amigos de siempre.

Corrupción e ideología parcial
Nuestra costumbre de aparentar ante la realidad, siempre fue aprovechada por medio de los oportunistas y aventureros sociales, locales o foráneos, que explotan al necesidad popular y la ignorancia política.
Hay una plata dulce ordenada ya para ser gastada, específicamente en la zona, pero con proyección de una ideología parcial, supuestamente a favor de los desprotegidos, pero la condición es que solamente sea en el Bañado Norte, deteriorando aún más la ya desgastada zona urbana.
Así es como se va llenando de cloacas nuestro romántico Río Paraguay, camino a un nuevo Cateura, como tantas otras obras que fueron realizadas o no terminadas, sin tratamiento ni plano, fruto de la disciplina y oficio de la politiquería aplicada a la tierra.


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