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La corrupción y la venalidad pública

“Aquí en nuestro país nos conocemos todos,—me repetía sonriente un parroquiano del Bañado Sur, mientras veía pasar una cuatro por cuatro frente a él—no puede bajar la corrupción”.
Según la TGC, si el poder no trata de comprender a la corrupción sistémica, cuidando sus estructuras, hay injusticia.
Hasta hoy existen ciudadanos que consideran a la corrupción, solo como los hechos, actos o prácticas realizadas por alguien carente de conocimiento o falto de ética. Es decir, se hace primar lo subjetivo.

Pero la verdad sobre los hechos, actos y prácticas de la gran corrupción, es que está sostenida por una asociación ilegítima, pero con aparente legalidad; pasando a utilizar la venalidad, solo en los más altos niveles de ignorancia y ocultación, dentro de las estructuras de poder.
Por eso, se utiliza a la propia Ley, ya sea en la interpretación, en la aplicación o formación de éstas; para favorecer a una determinada persona o grupo.
Esta realidad, no se logra bajar con la simple ética subjetiva, sino con claridad, libertad y virtud, en el marco del derecho. Único capaz de disminuir, objetivamente los niveles de corrupción.
Pero la venalidad, aún así, sigue siendo un sinónimo de la corrupción sistémica. No tiene fronteras ni país alguno, en exclusividad. Su forma de actuar y proceder, depende de los poderes. Si es atacada en un país, sencillamente, se mudan a otro. Como las termitas.
Se trasladan a otro país o sociedad, donde se siga considerando a la corrupción como la “falta de ética”.
 El cuarto poder ha presentado casos concretos, pero hasta hoy no es posible penalizarlos, de manera rápida, ya que la estructura del poder juzgador debe ser modernizada, acorde a los adelantos en la materia. Donde se demuestra que la corrupción, cuando es en sistemas, se constituye en hechos objetivos y en la mayoría de los casos, de difícil personalización.
Si no se corrige, lastimosamente, la ciudadanía, seguirá teniendo a la venalidad como la norma vigente en los círculos del poder, en todos los niveles de organización o conducción social.


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