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La corrupción "tiene mal olor"

Nuestro país está siempre en la “cuerda floja”, tanto en su política interna, como en las relaciones internacionales. Y, en lo que a éstas respecta, la corrupción sistémica se encarga de producir el “mal olor”, en cualquier proyecto o gestión pública, que busca solo el lucro parcial; a costa, de la salud y el bienestar general de la población.
En mi Teoría General de la Corrupción (TGC) he planteado, que el poder, en la mayoría de las veces, se sirve de la ignorancia en la ocultación, la cual lleva, inexorablemente, a la corrupción en un gobierno.
Cada día existe mayor preocupación entre los ciudadanos, frente al accionar de nuestros vecinos y la seguridad del medio ambiente. Viendo diluirse los artículos y preceptos, establecidos en Tratados internacionales ratificados, por todos los países de la Región, en simple retórica aguada de la diplomacia mercosuriana.

Mientras, internamente, en nuestra política, hemos superado los atropellos, de parte de los gobernantes, hacia las ideas y los derechos humanos universales; ahora, en la política internacional, vecinal, nos damos cuenta de la vigencia del “derecho del más fuerte”, a la hora de interpretar, trastocando, los principios del derecho internacional público. En una materia medular y global, como es la cuestión ambiental.
En paralelo, el Brasil, dice y hace, tratando de sanear de corrupción sistémica a su gobierno, al servicio del bien común de los ciudadanos. Respondiendo, con claridad, libertad y virtud contra este flagelo mundial.
Es hora que nuestros representantes se pongan las pilas y soliciten, ante organismos mundiales, la revisión y saneamiento de tales emprendimientos, como la planta nuclear formoseña y las propias binacionales hidroeléctricas. De lo contrario, pondremos un clavo más sobre la cabeza de nuestro sufrido pueblo; tan maltratado y explotado ya, a lo largo de su historia, a causa de la ignorancia y la corrupción sistémica que han dominado la política.
Esa politiquería, futbolera y comercial, que no tiene capacidad alguna, ni valor moral, para defender los intereses ambientales y difusos de millones de personas, debe ser curada.

Es un deber no solo para el Paraguay, sino para el mundo entero, luchar contra la corrupción y la ignorancia, por medio de la curación social, que es participación consciente de los ciudadanos en la política.

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