Terminó el romanticismo con los votantes, del
candidato ganador. Los compromisos deben ser honrados, caso contrario, la
corrupción será nuevamente la vencedora de las tantas promesas.
La política: No es pretender y comprar, igual
que en el comercio común; es buscar el bienestar de todos y hacer progresar a
una nación, en consonancia con la civilización.
Por tales motivos, la responsabilidad de los
“capitanes” del sistema futbolero, con propaganda nacional e internacional, es
alta, y de no cumplirse lo prometido, es el público, el sufrido habitante quien
terminará pagando por los goles.
Esta democracia con libertad, dentro de un
Estado de Derecho, nos está permitiendo a todos los paraguayos empezar a
distinguir y valorar a cada quien en el campo político; tal vez sea la última
vez que se acepte a los politiqueros en la realidad: Qué han hecho a favor,
aparte de su pretensión de entregar a su nación, si llegan a la primera
magistratura; o simplemente, obtener a costa de precio y compra, un mejor
acomodo de sus intereses y el de sus amigos?
Vemos que a la sombra del poder está manejando,
nuevamente, la corrupción sistémica, que siempre fue el denominador común en el
país, amparado por los partidos políticos.
El deber de todo ciudadano en un estado
democrático, en libertad de acción y pensamiento, es tratar de participar en el
gobierno, por eso hoy estamos pidiendo cumplimiento a favor del pueblo de lo
prometido, por los futuros dueños del poder: Que las instituciones se comiencen
a respetar, cumpliendo a cabalidad la Constitución
Nacional , en los tres poderes.
Que baje la corrupción sistémica, que no
consiste solo en cambiar el color del uniforme y expandir propaganda de las mil
maravillas, al estilo tradicional paraguayo, para que luego se vea la triste
realidad en cada cuadra, en cada barrio.
De boca, el “gran pacto” azulgrana, puede ser
beneficioso para los contratantes o pactantes, pero, el pueblo sigue sin
posibilidad de exigir la buena justicia y hacer cumplir, antes de que las
promesas, caigan en el olvido.