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La corrupción y los descuentos compulsivos

Me decía un parroquiano del Bañado Sur: “Aquí en nuestro país sigue la dictadura y los descuentos compulsivos a los pobres”
Según la TGC si la ignorancia en la ocultación del poder, callan a los políticos, lo que sigue es la corrupción sistémica.
La verdadera democracia nos permite visualizar, saber y conocer a través del cuarto poder, quiénes son, con nombres y apellidos, aquellos responsables directos de las prácticas, hechos y actos de corrupción.

En un Estado de derecho mínimamente responsable, los administradores deben pedir el juicio político a quienes han traficado, llevando por delante todos los Códigos de ética y demás leyes en perjuicio de la sociedad.
Esta realidad de los descuentos compulsivos, a favor de los gestores, a cambio de conseguir un empleo público, siempre ha tenido gran preeminencia en toda Latinoamérica. Ya sea por la ignorancia o por la falta de civismo, por parte de los actores llamados políticos. Algunos de los cuales hasta socializan, tal práctica corrupta.
Bien se puede decir que todo se facilitó, con la costumbre de regalar a manos llenas la plata del Estado. Sin tratar de enseñar a conseguirla. Como una respuesta inmediata a la falta de cultura y el desinterés de los ciudadanos. Denominación ésta muy difícil de obtener, si la gente comprendiera lo que implica cumplir a favor del buen vivir, respetando la Constitución de la República.
Al ocurrir un hecho, acto o práctica de corrupción, que involucra a un funcionario público, ya sean estos electos o nombrados, de la alcurnia que fueran, y no tienen aplicabilidad los Códigos de ética. Los cuales se refieren más bien a faltas o infracciones, de contenido cuasi estilístico y de conducta social, y no a delitos consumados.
La acción de los fiscales debe ser inmediata, bajo pena de incurrir también en un incumplimiento de la Ley fundamental. Por tratarse de hechos que saltan a la luz pública. La realización de descuentos compulsivos nada tiene que ver con la falencia administrativa ni con el perfil moral: constituyen delitos tipificados, además de una afrenta al principio básico de legitimidad del derecho público: “Lo que no está permitido, está prohibido”.

De no operar esta reacción de los Representantes de la sociedad, la corrupción sistémica nuevamente se ensañará, por medio de la ignorancia en la ocultación, con la estructura infectada del poder, dando alas para que la injusticia siga primando tanto en la acción política como en el funcionamiento administrativo del Estado.

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