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La corrupción y el dinero público

Un parroquiano del Bañado Sur me repetía: “Desidia, negligencia, desprolijidad, comprobadas, es corrupción sistémica”.
Según la TGC, toda ignorancia en la ocultación del poder, provoca el sostenimiento de la corrupción sistémica y con ella, la injusticia.
Ahora con la realidad del informe de la Contraloría sobre el uso del dinero público, todos los actores, ya sean éstos gobernadores o intendentes, deben responder por los perjuicios, en virtud de lo que dispone la Carta Magna sobre la función pública. Si pretendemos vivir en un Estado de derecho, que trata de mejorar la comprensión de la población, acerca de la responsabilidad de un funcionario público.

Todos los actos, hechos y prácticas de corrupción, por constituirse en un perjuicio patrimonial y moral contra el Estado; deben ser reparados y sujetos de indemnización, a favor de las escuelas, centros de formación primaria de toda democracia.
Es cierto que todo lo constatado por la Contraloría, constituye un delito de corrupción, en perjuicio de los más necesitados: niños y jóvenes. Que sin posibilidad de salir del atraso, por la politiquería en el manejo del dinero público, destinado a escuelas y colegios de la República.
Si esta ignorancia en la ocultación del poder, no puede ser aclarada, ante la opinión pública del país: el descreimiento de la población hacia la política se acentuará. Quedando el buen sentir de la justicia, solo para los débiles.
Al ser comprobados los perjuicios al erario, los responsables deben ser penalizados.
La corrupción sistémica no respeta cargo o partido, ni le importa si es amigo o pariente. Su único objetivo es recaudar cada día más a favor de una estructura de poder.
Por ello es que si no baja la ignorancia, en la administración del dinero público, generado con el sacrificio de millones de ciudadanos, la corrupción tampoco puede disminuir. Todo queda a la suerte y al sálvese, en luchas solitarias contra sistemas de corrupción.


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