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La corrupción y la imparcialidad

“La sombra de la corrupción sistémica, ampara en las compras públicas, simulando imparcialidad y supuesto progreso”—decía un parroquiano de Pilar.

Según se ha estudiado en la TGC, la ignorancia pone todos los recursos posibles, al servicio del poder.

Esta claridad que se vislumbra, hoy, sobre los hechos, actos y prácticas corruptas, de los funcionarios públicos, nos muestra el resultado de la implantación de un gobierno comercial, carente de alcance político.

Un mandato de éstas características, seudo-economicistas, que solo se aviene a cerrar ciertos números macros, y seguir manteniendo el privilegio para unos y la discriminación en cuanto a los servicios básicos para la gran mayoría: Va de contramano a la directriz establecida por nuestra Carta Magna, al instaurar en 1992, un ESTADO SOCIAL DE DERECHO.

Es cierto, la ignorancia lleva bastante la delantera en el país, hasta se diría que es parte de la tradición y el folclore, la cual es advertida tras cada proceso electoral, al caer en saco roto, la promesa de bajar o derrotar a la corrupción.

En lo referente a la realidad, de la corrupción sistémica, muy permeable en todas las instituciones, cabe destacar la necesidad de su estudio profundo; de modo a no pretender aplicar imparcialidad, pero seguir descargando beneficios a los acomodados.

En América Latina y entre vecinos, estamos iguales; la corrupción sistémica nos marcó a todos, y la posibilidad de reconocer esta verdad afecta al poder mismo de las naciones, demostrando con suma claridad la importancia de la libertad, en democracia, para llegar a la virtud.

“Costó llegar a este estado en América Latina; para demostrar que la corrupción es la madre de los poderes y que solo curando se progresa”—remarcaba el pilarense, con absoluta precisión.

Al procederse mal con la citada imparcialidad, en la función estatal, los actos deben ser identificados y juzgados. Y, tal vez, bajo este ambiente, la simple disculpa o error, justificando a la ignorancia, no pueda salvar a los sindicados: sean electos, en voto popular, o designados para ejercer una función en nombre del pueblo.

Aquí es donde aparece la justicia y la imparcialidad, que debe proceder sobre todos los actos, hechos o prácticas de los funcionarios, tan manoseados políticamente, en cualquier sistema, cuando algún miembro sea indiciado en compras o beneficios, en perjuicio de los intereses del país.

Antes de llegar a ésta democracia, en tiempos donde no existía libertad de expresión ni de acción, lo frecuente era la simulación de una supuesta imparcialidad, pero teniendo como norma la ignorancia y la corrupción sistémica.

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