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La corrupción y el conocimiento público

“¡La intención en la democracia vale tanto— me repetía un parroquiano del Alto Paraná— al ser aliada de la corrupción sistémica aquí!”
Según la TGC el poder oscurece la razón, si no respeta el debido proceso. Al ser de conocimiento público, cualquier hecho, acto o práctica de corrupción sistémica, deben tomar cartas, los representantes de la administración del Estado, siendo responsabilidad absoluta ante los ciudadanos su solución. Ya sea con la penalización o la corrección de los autores, directores y autorizantes en toda la estructura.

Solo así podría hablarse de Estado de derecho; capaz de hacer cumplir y buscar la armonía en bien de los ciudadanos, cumpliendo así su responsabilidad como funcionarios públicos ante el país.
¿Será esta justicia la que buscan nuestros conciudadanos, de tierra adentro al mencionar la intención de sanear la representación pública? Hace que pidan la adopción de medidas contra los responsables, de las grandes obras mal ejecutadas y hoy causantes de perjuicios irreparables. Con todos los defectos, autoridades siguen ufanándose, de que las obras “podían haber costado más”
Estas travesuras de la politiquería “de boca”, tan acostumbrada a los cargos públicos, pero no a la responsabilidad de cuidar el patrimonio público. Así es desde hace décadas, y se aplica a directores, ejecutores y testaferros.
Solo la claridad, la libertad y la virtud, pueden revertir esta intención nefasta, de endeudar al país bajo la excusa de las obras a los apurones.
Las demostraciones de bajar la corrupción en el país, está atrayendo a propios y extraños, en todo el mundo; por ser aquella, un flagelo tan empotrado en Latinoamérica, en nombre de la permanencia de amigos, parientes y correligionarios, a su orden. Para sacar beneficios personales en perjuicio del bien común.

Esta ignorancia que nos agobia en detrimento de todos, solo puede ser vista y comprendida en una democracia verdadera, con respeto de las leyes, y teniendo a los servidores públicos como los únicos responsables de las obras públicas, dentro de la estructura del poder estatal.

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