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La verdadera democracia


¿En qué consiste finalmente la democracia?

¿Es acaso el gobierno de la mayoría? ¿Es la participación de más en el gobierno, en las decisiones públicas? ¿Se centra en la división de poderes? ¿Consiste en la representación popular?

La democracia no es sino una combinación de sistemas de gobierno; de los puramente autocráticos, sectarios o elitistas, con los de tipo "asambleario" o republicanos. Es por ello que con su simple denominación o definición, no podrá observarse qué fórmula democrática en realidad aplica un país.


Ahora bien, si combinamos las ideas del "hombre libre" y los derechos humanos con el "sistema democrático", encontramos que una parte esencial de la democracia es el ejercicio de los derechos civiles o ciudadanos. A eso se denomina "democracia política o civil".
Y si le añadimos a esto el surgimiento de una ciencia empírica como lo es la economía, encontramos que la democracia también considera posible la "libre competencia" en "igualdad de oportunidades" para acumular riqueza o buscar el bienestar personal. Constituye esto la democracia económica, la más difícilmente aplicable en la realidad de los países.

La democracia postulada en las Constituciones, en las Cartas políticas, en los tratados internacionales, está apoyada básicamente en los dos criterios mencionados, los de los derechos civiles y los de los derechos económicos; y muy fugazmente, los de la diversidad cultural.

Estos ideales "superiores", tan superiores que para plasmarlos en un papel oficial ni siquiera se tuvo en cuenta el cómo se aplicaría a la realidad, son los fines de la humanidad hoy, pero que por la "falsa política", se quedan en el mero bla, bla. En un discurso remanido, agridulce y cada vez menos convincente.


Hoy a nivel mundial crecen los movimientos insurgentes, de "indignados", que quieren ir en contra de lo que se considera una gran estafa declarativa pero nunca practicada en las "democracias" que ellos llaman "oligárquicas". Ya parece impensable que un grupo fáctico de poder pueda "generosamente" hacer cumplir los postulados de la democracia civil, y mucho menos dejar ni siquiera un "diezmo" de sus insondables ingresos anuales para los "crédulos" democrátas ciudadanos de raigambre obrera, campesina, trabajadora o de a pie.

Esta realidad, ha obligado a nuestro movimiento político, Nación Grande, y a través de mi trabajo como fundador, a replantear los principios republicanos de Rousseau, a fin de no ingresar de nuevo a la "cueva" de la lucha de clases, pasando por alto la causa real de esta farsa democrática.

La verdadera democracia es aquella construida en el seno de cada nación, bajo sus costumbres, sus creencias, su moral y sus leyes supremas. Le cueste a quien le cueste, no puede exportarse ni importarse democracia como cualquier producto en el mercado. El trabajo de construirla para el propio pueblo es insustituible e indelegable. Allí comienza precisamente la voluntad de un pais, la de sus ciudadanos, de vivir realmente bajo los postulados de ese régimen democrático.

Al comprender que es el problema de la corrupción, y la acción curacionista, la facultad más importante del ser humano en su sociedad, la democracia debe agregar a esa "declaración de derechos" y esa formalidad institucional, el verbo realizador, que justifique plenamente la existencia de tales principios e instituciones. Ese verbo es "curar".



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