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Nuestros representantes

Me decía una ciudadana de Yaguarón: “La corrupción es cuestión de Estado”.

Según la TGC, en todo Estado hay poder y existe corrupción.


Al tener esta claridad, a cualquier mortal le parecerá que la corrupción prácticamente es invencible, en cualquier sociedad, tanto hoy como siempre.


Pero, al tener una teoría, se tiene prácticamente la vacuna contra este flagelo.


-Como educadora pienso, que si la corrupción es cuestión de Estado, ¿qué podemos hacer los ciudadanos?


Muy buena respuesta, ante la gente. Sin embargo, de ustedes depende que los niños y jóvenes tengan conocimientos con claridad, para tratar de bajar este mal número uno en sociedad.


Hoy se conoce que debemos distinguir entre corrupción privada y corrupción pública. Es decir, así como existe derecho privado, también existe el derecho público. Una especificación que resulta imprescindible que los ciudadanos distingan con suma exactitud, porque solo así podrán identificar los actos, hechos y prácticas de corrupción. Quiénes los cometieron y cómo se sistematizó en la estructura estatal.


Porque hay una distinción entre ciudadano civil y funcionario público, cuya responsabilidad, ante los delitos de los actos, hechos y prácticas de corrupción, es más grave. Eso es así, con el fin de lograr el buen funcionamiento de un país.


El funcionario público es depositario de la fe pública y responsable de los bienes de todos; que al cometer un hecho, práctica o acto de corrupción, está negando dicha responsabilidad, aceptada en un Estado de derecho, cuyo sostén, siempre es el pueblo. Único garante en democracia, social de derecho, según nuestro sistema de gobierno constitucional.


El camino es que los niños y jóvenes puedan entender y comprender, valorando primero la claridad, la libertad y la virtud, bajando así paulatinamente la ignorancia y la corrupción en todo el Estado, consumido por la falta de voluntad de los dirigentes, mal llamados representantes.


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