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Prueba de fuego y curacionismo

 

Una parroquiana de Asunción me dice: Parece que hay prueba de fuego entre los poderes.

Según la TGC los poderes hacen la vida de los Estados en cualquier sistema político. En nuestra democracia social de derecho, ningún poder puede ni debe primar sobre los otros dos. Obligando a los funcionarios públicos a respetar y hacer respetar estrictamente este principio de responsabilidad constitucional.

–Eso dice la Constitución, pero ya fue alterado tal principio, en la propia Cámara, al sancionar a una representante sobre la base de sus declaraciones en sesión –acotó.

Aquí nos damos cuenta de lo bueno de una democracia de verdad, ya que se da participación a todos, opinando y dejando en manos del poder interpretador, el juzgamiento de cualquier posible quebrantamiento de la convivencia de los ciudadanos, de acuerdo a lo preestablecido en la Carta Magna.

–Por eso digo que hay prueba de fuego entre los poderes…

Efectivamente, al no respetarse un principio constitucional, pensando hacer prevalecer un reglamento interno-administrativo, sobre la propia norma constitucional, superior en prelación, solo por cumplir un objetivo político sectario o reaccionario, al servicio de los parlamentarios. El interés general queda reducido a cenizas, convirtiendo las decisiones en contrarias a lo público.

–Pero eso ocurrió –insistió la ciudadana –y ahora el poder judicial debe solucionarlo.

Claro, justamente, esa es la función de este poder, encargado de la interpretación de las controversias entre poderes y entre los ciudadanos. Si la solución es correcta y justa habrá confianza. Pero, si no resuelve de manera rápida y eficaz, primando el siempre reutilizado “la mayoría es la que manda”, en contraposición al derecho y el deber de los funcionarios, será un paso más a favor de la corrupción sistémica, que hoy tiene su prueba de fuego a nivel mundial.

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