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La historia de una gran nación

Paraguay es una gran nación, yo lo siento, lo sentimos y lo sentiremos profundamente siempre, todos los paraguayos. Sin embargo, debemos administrar para el presente y el futuro que ninguna nación que se precie de tal puede decir que todo ha sido fácil. El reconocimiento llega con el esfuerzo decidido de muchos ciudadanos a lo largo de la vida del país. Y esa cadena de renunciamientos y patriotismo de grandes hombres y mujeres hoy tiene su momento de cosecha, pese a que existan ciertos actores políticos que quieren convertir la cosecha fructífera en una “quema” y arado permanente, de modo a quitar provecho de tales procesos irresponsables. Se aplica así en la agricultura como en la sociedad.
Lo primero que nos hace grandes hoy, a todos los ciudadanos paraguayos, es la conciencia de que ya no podemos aceptar la falsa política en nuestro país. Que debemos curar a nuestra tierra paulatinamente de ese vicio y perniciosa acción. Las cúpulas partidarias han convertido a la política en mercadería de feria, y a la voluntad popular en un mero condicionamiento protocolar, sin espíritu ni valor constitucional. Llegado a ese extremo, el curacionismo hace una propuesta consistente: el poder debe ser ampliado hacia la mayor cantidad posible de ciudadanos y sectores. Pero no consiste eso en una simple repartija de influencias, ni mucho menos de privilegios que configuren lo “clasista” o que estimulen la polarización. La ampliación del poder, que es la acción práctica necesaria para concretar la curación social necesita de una línea doctrinaria: la disminución de la corrupción sistémica, que se logra con la disminución de los niveles de ignorancia y obscuridad sobre los intereses públicos. Bien podemos decir que practicando la verdadera política podremos vivir en la verdadera República, que es la administración colectiva de los bienes del Estado, dentro de un marco constitucional y legal, comprendido por el soberano pueblo paraguayo.
Esa búsqueda o participación en el proceso de curación social, base de nuestra doctrina nacional curacionista, no es reciente, sino que viene de hace más de dos siglos de historia de lucha contra la corrupción sistémica o gubernamental.
No en vano el Paraguay fue el primer país en adoptar el sistema republicano. Por eso el curacionismo entiende que el proceso en el cual está inmersa nuestra nación es positivo, pero requiere de la conciencia y la consistencia de una acción ordenada y conjunta para que pueda ser aprovechada en su real dimensión.
Es la posibilidad de recoger los frutos de nuestra cultura de lucha contra la corrupción y el abuso de poder, que se dio en nuestras guerras y revoluciones; en las misiones religiosas; en las organizaciones sociales, en los movimientos y entes, a lo largo de dos siglos de un crecimiento cívico constantemente interrumpido por diversas influencias. Hoy el pueblo ya es conciente de su misión, de su función y de sus posibilidades reales de progresar moral, estructural y gubernamentalmente.
Un pueblo con esa conciencia es el que comienza la historia de una gran nación. Y la sociedad paraguaya, las paraguayas y los paraguayos han sido inconformes con la simple materialidad de la ley, quieren también ser parte de su espíritu. No nos gusta la simple implantación, queremos participar en las decisiones de Estado, sin necesidad de recurrir a la violencia para exigir nuestros derechos constitucionales.
Sabemos que los gobernantes pueden ser ocasionales, pero que la mística de una nación se construye paulatinamente en un proceso consensuado y consciente.
La única alternativa de hoy es iniciar la curación social, renovando lo que deba ser renovado; haciendo lo que deba ser hecho, continuando lo que se hizo bien, y trazando el rumbo del país en el marco de un proyecto visionario objetivo y no fabulístico.
Es hora de la política verdadera con participación, para honrar a nuestros antepasados, que han construido esta nación antes que nosotros, y para los que deberán hacerla crecer en el futuro próximo. Es momento de la curación social. Todos lo sentimos y estamos preparados para ello.
¡Adelante Paraguay!

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